Respeto por el medioambiente y viticultura del futuro
Partiendo de nuestros valores entre los que se encuentra el respeto y amor por la naturaleza, realizamos una forma de viticultura que convive con el maravilloso paraje en el que nos encontramos.
En el valle del Gromejón, a los pies del pueblo de La Aguilera, se dibuja un paisaje que es mucho más que el entorno donde crecen nuestras viñas: es un mosaico de vida y memoria. Aquí conviven los campos de cereales y los viñedos con las riberas del arroyo, pobladas de chopos, matorral mediterráneo y pequeños humedales que dan refugio a anfibios, aves y polinizadores. Es un espacio donde aún se pueden escuchar los cantos de la oropéndola, observar la silueta del milano real o sorprenderse con el paso majestuoso de los buitres leonados, especies emblemáticas y en muchos casos amenazadas, cuyo futuro depende de la preservación de paisajes como este.
Trabajar y pasear por nuestras viñas es un auténtico placer para los sentidos y el ritmo de la naturaleza marca nuestro trabajo en la tierra. En verano damos la bienvenida a las aves estivales, entre las cuales se encuentran los bellísimos abejarucos que anidan en los taludes de nuestras parcelas y los cantos de emigración de las águilas calzadas son la banda sonora de las vendimias.
El valle del Gromejón no solo es guardián de vida y biodiversidad, también es un lugar donde laten siglos de historia y cultura. Desde los vacceos y romanos, que ya trabajaron estas tierras fértiles, hasta los monjes y campesinos de la Edad Media que excavaron bodegas subterráneas y levantaron monasterios como el de San Pedro Regalado, cada generación ha dejado su huella en este paisaje.
Los majuelos, los chozos de piedra, las eras y los lagares tradicionales hablan de una vida enraizada en la vid, el cereal y la ganadería, donde naturaleza y trabajo humano siempre han caminado de la mano. Para nosotros, en Magna Vides, cuidar de este patrimonio etnográfico es tan importante como proteger la biodiversidad: ambos son parte de la misma herencia que queremos conservar y transmitir, con el orgullo de seguir escribiendo esta historia en armonía con la tierra.
Es una zona histórica de cultivo de viñedos que recuerdan el trabajo paciente de generaciones que han modelado el paisaje con respeto y esfuerzo, un paisaje muy especial y privilegiado que se considera como una joya dentro de la Ribera del Duero.
La biodiversidad juega, además, un papel importante en unos viñedos que conviven con bosque, piedras, árboles, y plantas como tomillo, romero o lavanda, que, al final, se nota en la uva y en el vino. Es por ello que siguiendo nuestra ética y manera de pensar llevamos a cabo actuaciones concretas para proteger la biodiversidad que encontramos alrededor de nuestras viñas.

Apostamos por la mínima intervención del suelo, con el arado justo y necesario para proteger este recurso tan valioso y limitado. En este sentido, minimizamos el uso de fertilizantes, utilizando productos 100% orgánicos, complementándolos con cubiertas vegetales y reutilizando recursos como los sarmientos de la poda que trituramos y volvemos a incorporar al suelo.
Desbrozamos con cabeza, dejando macizos de vegetación autóctona, arbustos y herbáceas que nos proporcionan unos colores maravillosos en nuestras viñas en primavera. Además, no utilizamos pesticidas, ya que nos encanta ver nuestras viñas llenas de insectos muchos de ellos polinizadores.
Y aunque muchos viticultores se han decantado por el riego para luchar contra unos veranos cada vez más duros con importantes y recurrentes sequías, nostros creemos que hay alternativas interesantes, como, por ejemplo, plantar en curva de nivel o en línea clave y no de arriba abajo, como se suele hacer. Con este sistema, el agua llega a todas las viñas, la parte de arriba no se erosiona y se evita la pérdida de suelo fértil. Hemos probado este sistema en una viña en pendiente totalmente yerma y erosionada y ahora es un placer ver cómo crece la hierba y se vuelve a llenar de flores en primavera.
El único hándicap de este proceso es que no es apto para viñedos mecanizados y nuestras viñas están en su amplia mayoría en vaso y todas en secano. Además, seguimos lo que hacían nuestros antepasados para luchar contra la sequía: calles un poco más estrechas y, en la línea, mayor separación entre las plantas para que tengan un poquito más de espacio y menos competencia radicular.
Desde 2023 trabajamos con SEO BirdLife en el proyecto Secanos Vivos que nace de una idea sencilla pero poderosa: demostrar que la agricultura de secano puede tener futuro si se trabaja de la mano de la naturaleza.
Allí donde muchos ven un modelo en riesgo de desaparecer, este proyecto propone un cambio de mirada: transformar la viña en un ecosistema vivo, resiliente al clima y capaz de generar valor añadido gracias a la biodiversidad. Así, cada viñedo cultivado en armonía con aves, insectos y plantas silvestres se convierte en símbolo de desarrollo sostenible y esperanza para las zonas rurales más amenazadas por la despoblación.
Este camino no se recorre a ciegas, sino con la guía de la ciencia y de las buenas prácticas agroambientales. Soluciones basadas en la naturaleza, avaladas por equipos de investigación, permiten que los servicios que ella nos ofrece (suelo fértil, polinización, control natural de plagas) se traduzcan en rentabilidad y en productos de mayor valor en el mercado, abriendo oportunidades de negocio innovadoras que generan empleo verde y mantienen viva la economía local.
Dentro de este proyecto hemos realizado acciones concretas en nuestras fincas:
- Colocación de cajas nido para aves paseriformes (colirrojo, lavandera blanca), rapaces y murciélagos y cestas para dar cobijo al búho chico.
- Instalación de dos charcas, hogar y lugar de reproducción de anfibios como el sapo corredor y sumideros naturales de carbono.
- Construcción de taludes de piedra que sirven como hogar y refugio de reptiles, insectos y otros tipos de fauna.
- Instalación de hoteles de insectos
El impacto real de todas estas actuaciones se comprueba mediante la realización de mediciones de la fauna en nuestras viñas, y cada caja nido que vemos ocupada nos produce una alegría y orgullo enormes.
Además, el retorno de Secanos Vivos va más allá del campo. Refuerza el vínculo entre quien cultiva y quien disfruta del fruto de la tierra, apostando por cadenas cortas de comercialización. Es un compromiso que combina emoción y rigor: cuidar la tierra, proteger su vida y demostrar que sostenibilidad y futuro pueden caminar juntos.
